sábado 16 de mayo de 2009

Lunes negro

Me acaba de llegar una comunicación sindical recordándome que el lunes, 18, sigue convocado el paro entre las 9 y las 10 en Primaria.
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Creo que este lunes va a pasar a la historia. Jamás hubo un número de huelguistas tan invisible como el que todos sabemos que va a suceder, por desgracia.

Recapacitemos: a estas horas nuestra credibilidad pende de un hilo.

Con mentir acerca de las cifras no está todo arreglado. En el pasado comunicado referente a losdías 5 y 7 se dijo: "el 90% de los centros están afectados". Qué increíble. Se supone que nosotros no deberíamos hacer estas trilerías. Más que nada por los compañeros que están viendo en directo la verdadera situación.

Horas después, los datos internos de los sindicatos arrojaban la cifra de entre un 4% (Madrid capital) y algo más (no mucho) en la periferia. ¿Quién va a creerNOS el próximo lunes, 18?

Y digo creernos, sí, porque yo me siento parte de un sindicato. Por eso me duele que los sindicatos desaparezcan. Sobre todo éste, el mío. Porque no hay otra cosa. Si no miremos como ha quedado ANPE, que ya labró su desprestigio en su momento.

Sé de sobra que hay trabajadores que están en contra de los sindicatos. No es mi caso. Yo creo que cuando no hay otra cosa, no hay que desaprovechar la única que se tiene. Por tanto, de antisindicalismo, nada... A mí no se me podrá encuadrar en el cliché. Nada sería más fácil para rebatirme.

Pero, de igual manera, y con igual firmeza que afirmo esto último, quiero decir que con mentiras y terquedades no vamos a alcanzar lo que pretendemos: la defensa de la escuela pública de la política destructiva del actual gobierno de esta Comunidad. Con mentiras y huídas hacia adelante solamente podemos poner en peligro estos delgados y frágiles hilvanes que sujetamos entre todos.

Eso es lo que lamento sinceramente. Ojalá esté equivocado.

Un saludo.

sábado 7 de junio de 2008

POR SI LLEGA A TIEMPO

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Hay un punto en la propuesta de calendario de movilizaciones en defensa de la Enseñanza Pública que me parece bastante flojo. Expongo una alternativa, por si da tiempo a que los sindicatos la asuman y se difunda.
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Se trata de los cinco minutos del próximo martes, día 10, antes del recreo. Modestamente pienso que nadie (madres, padres, etc.) se enterará de esta acción, no será regogida por ningún medio de prensa, y -sobre todo- va a ser secundada por pocos compañeros, que es lo peor.
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En su lugar, me parece que sin cambiar el día ni el porqué, resultaría bastante más eficaz y motivador hacer los cinco minutos de la siguiente manera:
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Comenzaríamos a juntarnos un poco antes de nuestra jornada, y estaríamos preparados todos para iniciar el acto a las NUEVE MENOS CINCO ( a las ocho y cuarto para institutos), en la puerta de cada centro. Iríamos provistos de una buena pancarta alusiva al tema, así como de cartulinas o dobles folios individuales.
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De esta manera, nuestra protesta sería observada por todos aquellos que lleven sus hijos a esa hora que, en Primaria e Infantil, es mucha gente.
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Viva la Pública.
Un saludo.

sábado 31 de mayo de 2008

LA LEY DE LA CAVERNA

"Hace un par de meses, cuando acepté una invitación de las centrales sindicales para participar en un acto por la coeducación y contra la LOCE, no podía imaginar siquiera hasta qué punto una convocatoria tan razonable, tan inocente, iba a llegar a afectarme. Porque cuando entré en el salón de actos del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, yo era una escritora de cuarenta y tres años, tan independiente, tan habituada a hablar en público y tan segura de sí misma como ustedes pueden pensar que soy ahora. Pero cuando salí, salió conmigo una niña desaliñada y torpe, ignorante de casi todo, fea en un uniforme muy feo de color marrón, un tono parecido al del puré de lentejas, que asistía todos los días a un colegio de monjas donde estaba recibiendo una educación pobre y turbia, abocada a un aprendizaje que no se merecía. Esa niña era yo, hace treinta años, y sin embargo, yo la había olvidado. Había olvidado el color de las baldosas de aquel pasillo que parecía fabricado con mortadela de Bolonia, había olvidado el tacto áspero de las manos de las madres que sólo se lavaban con jabón Lagarto, había olvidado la tortura del bordado talaverano que me hacía suspender una asignatura llamada “Hogar” casi todos los trimestres, había olvidado la misa de los viernes con canciones de Joan Báez y Bob Dylan deformadas por la iniciativa más ñoña del espíritu posconciliar, había olvidado el mes de María y todos esos lirios, esas azucenas que se marchitaban entre mis manos una mañana tras otra, había olvidado los golpes de la chasca, una especie de castañuela de madera con la que nos daban en la cabeza cuando nos salíamos de la fila, había olvidado el miedo que me daban los hábitos blancos, y los elogios de la delación que escuchaba a diario, y todas esas funciones de Navidad en las que siempre me tocaba hacer de árbol, porque yo no era rubia, ni delgada, ni grácil, ni menuda, como tienen que ser los ángeles y no digamos ya la Vírgen María. Había olvidado todo eso como se olvidan los malos tragos, los malos sueños que se dejan atrás, esos recuerdos desagradables que con el tiempo se desdibujan, se dulcifican, pierden intensidad e, incluso, verosimilitud. Había olvidado todo aquello porque un buen día empezó a parecerme inverosímil, y porque estaba segura de que nunca encontraría un motivo para recordarlo.

Estaba equivocada. Aquella tarde, hace sólo dos meses y un instante antes de que diera comienzo mi intervención en aquel acto, leí un resumen de los contenidos de la LOCE y mi memoria se retorció sobre sí misma, se expandió y se contrajo varias veces antes de llenarse de colores, olores, sabores, sensaciones, sentimientos, melodías y temores que ya no conocía, y que sin embargo no podía dejar de reconocer entre los que me pertenecieron algún día. Y me enfadé, y me indigné, y me puse triste, y tan rabiosa como si acabaran de volver a suspenderme Gimnasia, que les confesaré, ya que esta tarde estoy por confesarlo todo, que tampoco ha sido nunca mi fuerte. Desde entonces, esa niña desaliñada y torpe que fui una vez está conmigo. Y en su nombre, que es el mío, quiero hablarles.

En una sesión parlamentaria que tuvo lugar en algún momento del Bienio Derechista de la II República Española, el diputado socialista Fernando de los Ríos se dirigió a la cámara diciendo: “Señores, en España estamos llegando a un punto en el que el simple respeto es un valor revolucionario”. La cita sería mucho más hermosa si ahora mismo, ochenta años después, no atravesáramos por una situación en la que nos sobran razones para repetirla. La LOCE, Ley Orgánica de la Caverna Educativa y grandiosa aportación personal de la ministra Pilar del Castillo a la Historia Universal de la Reacción, es una de esas razones. Porque en España, ahora mismo y por mucho que los calendarios insistan en que vivimos ya en el siglo XXI, el respeto ha vuelto a ser un valor revolucionario. El respeto a la Constitución, el respeto a la legalidad, el respeto al consenso, el respeto a los valores ajenos, el respeto a las instituciones, y a los derechos y las libertades básicas de los ciudadanos, se han ido debilitando de tal manera durante el gobierno del Partido Popular que ahora apenas son más que la cáscara vacía de un concepto prestigioso. Frente a eso, en el gobierno de este país sobra ignorancia, sobra arrogancia, sobra manipulación, y chulería, y una práctica política impropia de una democracia parlamentaria, y nostálgica en cambio de los modos y las maneras del totalitarismo. La Ley Orgánica de la Caverna Educativa es uno de los productos mejor acabados de una estrategia que roza la promoción de la barbarie.

La escuela pública, mixta, laica, gratuita, obligatoria, igualitaria y de calidad –de calidad, sí, de calidad verdadera- es el primer peldaño de la civilización. Por eso, al ir contra la LOCE, al defender el laicismo, al defender la coeducación, al oponernos a la implantación de los itinerarios pedagógicos precoces, al denunciar los manejos ilegales, miserables, arbitrarios y ruines de las juntas de escolarización, que discriminan a las escuelas públicas para favorecer a las concertadas, estamos haciendo mucho más que combatir una ley concreta, mucho más que discutir los injustificables privilegios de la Conferencia Episcopal -esa misma que ampara a los curas pederastas y cobija a los maltratadores bajo el paraguas ideológico de un argumento tan inmoral como la criminalidad de los anticonceptivos, es decir, la criminalidad de la libertad-, mucho más que emprender una simple acción política. Estamos defendiendo la civilización, la única definición posible del término “civilización” que conserva su vigencia a estas alturas de la historia de la Humanidad. Y hace falta que se sepa, que se entere todo el mundo, que consigamos superar las barreras de desinformación sistemática tras las que se proteje esta ministra, tras las que se proteje este gobierno.

Nosotros no tenemos el poder, pero tenemos la razón. Y la razón importa, la razón pesa, la razón duele o reconforta, la razón compromete. Y ese compromiso no se puede negociar, el nombre de la razón sólo puede pronunciarse de una manera. Por eso, creo que no debemos pedir, no debemos exigir, ni siquiera negociar, sino afirmar. Porque tenemos la razón, no estamos dispuestos a volver a la caverna, al espacio húmedo y tenebroso, oscuro y frío, atemorizado y seco, donde ya ha sucedido la infancia de demasiados niños, de demasiadas niñas, demasiadas veces, durante demasiados siglos, en este país nuestro donde el progreso sigue siendo un milagro frágil y azaroso, y el simple respeto un valor revolucionario. No vamos a volver a la caverna, porque no tenemos el poder, pero tenemos la razón y una voluntad feroz para defenderla. Por eso quiero terminar recordando el color del uniforme de aquella niña desaliñada y torpe que desde hace algún tiempo ha vuelto a vivir conmigo. Porque sé que lo que están pensando ellos, lo que pensaría la ministra del Castillo si estuviera escuchándome en este momento. No quieres puré, toma dos cucharas. Pues no. Yo no voy a tomarme dos cucharas, señora ministra, no me voy a tomar ni siquiera una, porque ya tragué bastante puré en el color lenteja del jersey y de la falda que vestí durante demasiado tiempo. Y yo no soy nadie para llamar a los ciudadanos de este país a la desobediencia civil, pero si puedo anunciar que estoy determinada a ejercerla. En mi nombre, en el de mis hijos, y en memoria de aquella niña que recibió una educación que no se merecía".



Almudena Grandes

martes 27 de mayo de 2008

SÉ QUE AHORA NO TOCA


Al parecer la jubilación anticipada indefinida ha quedado aparcada. Los tambores de guerra repiten rítmicamente un nombre: Esperanza Aguirre. Se lo ha ganado a pulso con sus privatizaciones, con un deterioro inequívoco y un sesgo hacia la Privada inconfundible. Nada que decir a todo esto. Los que hemos ido una y otra vez a las huelgas y manifestaciones contra su política, sabemos muy bien -porque estamos en la pomada de los datos- lo que se cuece.
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Parece que fue ayer cuando llegué a un colegio de un pueblo de la zona sur en plena dictadura. Estaba lleno de obreros con monos azules: las plazas, las calles, los bares... En una taberna, clandestinamente, nos reunimos con unos padres para formar las primeras Asociaciones de Padres de Alumnos. Una copia de los estatutos (un folio con un calco) nos sirvió para legalizar en el Ministerio del Interior esos primeros renglones históricos.
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Ha llovido mucho desde entonces. Desaparecieron las dictaduras, las "permanencias", la UCD, y se fue consolidando la Democracia. Incluso llegaron las tizas redondas, los especialistas, los ordenadores, un salario digno... A lo largo del tiempo, fuimos defendiendo la Escuela Pública con todo lo que teníamos a mano: las huelgas, las concentraciones, las manifestaciones, a veces las detenciones... Impulsamos colectivos (Escuela abierta, MCEPs, etc.) y Escuelas de verano, pedagogías innovadoras, rincones, ideas...
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De nuestra mano entró una nueva manera de "hacer" de los Equipos directivos, de conducirse, de tratar a los compañeros. Ahora, cuarenta años después, vemos con pena como todo se va cayendo como un castillo de naipes. Y nosotros, que tanto habíamos soñado, ni siquiera estamos orgullosos de haber sido capaces de sujetar un sueño.
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Quiero decir con esto, que en estas últimas manifestaciones del 7 y 21 de mayo se me han llenado los ojos de lágrimas al ver tanta gente joven. Pero también he llorado al entrar en el Foro de la Sur y leer como hay otros jóvenes que te confunden con alguien del PP porque pides a la Ministra Mercedes Cabrera que acabe de una vez de firmar el Estatuto Docente. La Jubilación Anticipada Indefinida, es una reivindicación histórica del profesorado. Yo no pido por mí, no la necesito: pero, no es eso...
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Sé que ahora no toca. Que ahora estamos liados con neutralizar los tétricos planes de la señora Aguirre. Pero ya estamos hartos de mendigar a un gobierno (que se supone de los trabajadores) lo que es nuestro. Estamos hartos de pelear y ser toreados por el pasado gobierno del PSOE, que tanto nos prometió en este sentido en la pasada legislatura.
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Juanín